El avatar Podemos
publicado inicialmente en madridsuralternativo.org (29/11/2014)
Avatar: Fase, cambio, vicisitud
(Diccionario de la lengua española, DRAE,
22ª edición. Primera acepción)
Podemos es una vicisitud, un avatar, de un largo proceso de ruptura con
la impotencia de la representación. El 15M constituyó la primera cristalización
de ese proceso: la evidencia de que era posible arrancar a las élites y a las
vanguardias el monopolio de la política, la constancia de que la discusión y la
actividad, la deliberación y la toma de decisiones, son perfectamente posibles
en un marco que explícitamente renuncia a delegar la responsabilidad y la
capacidad de mando.
El gran éxito del 15M consistió precisamente en abrir ese marco nuevo
para el activismo y para la política; un éxito que, ciertamente, no comportó la
conquista de las instituciones ni del BOE, ni se tradujo, por tanto, en
capacidad ejecutiva, pero que inauguró para amplios sectores de la ciudadanía
una nueva forma de relacionarse con la política: una política de la
horizontalidad o, si se me permite, una política de la inmanencia. No sólo un
nuevo frame para el activismo, porque su potencia de generación de subjetividad
alternativa ha prendido también en las capas menos activas de la ciudadanía, en
aquellas que –por edad, necesidad o geografía- se relacionan con la política
general a través de los medios de comunicación de manera casi exclusiva: todo
un nuevo frame constituyente.
Otras muchas dinámicas participativas han compartido (antes, durante y
después del 15M) esa la misma práctica de empoderamiento: tanto las experiencia
de la PAH como las diversas mareas ciudadanas, eliminando la mediación de los
aparatos sindicales o políticos, organizando a los ciudadanos en tanto que
ciudadanos para la defensa de los derechos de todos y los bienes comunes. El
15M dicho de otro modo, no agotó todos los ámbitos de actividad posibles, pero
fue el “acontecimiento” que permitió que cristalizara esa “ventana de
oportunidad” para la práctica de una política de nuevo tipo.
Podemos es una fase, una vicisitud, de ese mismo acontecimiento, uno de
los rostros de la hidra del 15M, un avatar del 15M, uno de sus muchos avatares:
el interfaz mediante el que lograr la capacidad ejecutiva que permite el
control de las instituciones. Sin el 15M, sin ese nuevo clima de politización
horizontal surgido de las calles y las plazas, sin esa crítica en acto de la
representación y de la impotencia, sin esa experiencia práctica del “sí se
puede”, incluso sin la conciencia de los límites de la actividad política
entendida exclusivamente como exterioridad al mando, Podemos no habría sido
posible. El éxito de Podemos en las elecciones de mayo al parlamento europeo
habría sido imposible fuera de ese nuevo marco de referencias: lo nuevo frente
a lo viejo, la política frente a la delegación, el 99%. En ese marco, el gesto
político del equipo de La Tuerka, la precaria organización de las gentes de IA
y el entusiasmo de algunas asambleas del 15M reconvertidas en “círculos”, sin
más programa que el clamor de la regeneración y las exigencias de los
movimientos sociales, propiciaron el encuentro feliz de 1.245.948 personas que
confluyeron para obtener 5 actas de representante para el parlamentario
europeo. Un encuentro al que, felizmente, se siguen sumando átomos a un ritmo
creciente.
Sin embargo, la dinámica misma del éxito (ahora o quizá nunca, se dice)
ha viene generando mutaciones del avatar. Quizá necesarias (imprescindibles, si
es que tiene razón el recién nombrado equipo dirigente), pero difícilmente
comprensibles.
Es cierto que una organización que se quiera medir en la arena
electoral ni es un movimiento social ni puede moverse al ritmo (en la práctica
lento y reactivo) de los movimientos sociales. Es cierto, por eso, que la
agilidad que exige el envite electoral aconseja una libertad de maniobra en la
que el “comando mediático” de Podemos ha demostrado hasta ahora moverse mejor
que nadie. Pero no es menos cierto que, en el proceso de conversión en partido,
los procedimientos de organización y de votación elegidos han supuesto, no sin
fuertes disensos y críticas en el propio interior de Podemos, el apartamiento
fáctico de los órganos de dirección de cualquier participante (incluidos buena
parte de los eurodiputados electos) ajeno al grupo conformado alrededor del
equipo de La Tuerka. Es igualmente cierto que los estatutos organizativos
elegidos van a suponer, al cierre del proceso organizativo municipal, la
separación de los círculos de cualquier protagonismo orgánico y su sustitución
por Secretarías Generales y Consejos Ciudadanos que, “en representación” de los
inscritos, se conformarán como órganos de deliberación y ejecución que
permitirán que las “Asambleas Ciudadanas municipales” se reúnan… cada 3 años.
Todo se ha desarrollado de tal modo que, en la práctica, la
constitución de Podemos en maquinaria para el combate electoral ha tenido como
consecuencia la neutralización (en nombre de la eficacia) de los mecanismos que
venían permitiendo una deliberación colectiva y una toma de decisiones sin
delegación imperativa. En paralelo, se genera una dinámica de abandono de la
“militancia activa” por buena parte de los elementos más
“politizados-en-lo-nuevo” que formaron los primeros círculos, los menos
sospechosos de oportunismo político, y de creciente protagonismo de militantes
politizados “en-la-forma-tradicional”, forjados en las pugnas de facciones de
los viejos aparatos y atraídos legítimamente a Podemos por la posibilidad de
“ganar por una vez en la vida”. Un proceso que, en la práctica, corre el riesgo
de recuperar los vicios del viejo activismo de las vanguardias y de laminar los
flujos del activismo quincemayista que, precisamente, venía garantizando la
adecuación de Podemos al frame del empoderamiento colectivo y de la conexión
inmanente con las dinámicas multitudinarias.
Más graves pueden ser las derivas que habrá que enfrentar para a
elaboración de los programas con los que concurrir a los procesos electorales
que se avecinan.
Si el modelo de la pugna por el “significante vacío”, en el contexto
postquincemayista, sirve indudablemente como elemento unificador de todas las
formas de rechazo del Régimen, se evidencia como claramente insuficiente a la
hora de transformar ese rechazo en programa para la alternativa. La estrategia
de los medios de comunicación -y de los partidos del Régimen-, es clara a este
respecto y se va a intensificar en los próximos meses: tratarán de normalizar a
Podemos como “una más” de las opciones electorales existentes. Una más, es
decir, una entre otras y, por lo mismo, una como las otras. En este sentido, la
campaña de acoso mediático abierta contra los miembros más conocidos de la dirección
nacional de Podemos, orquestada con ridículas acusaciones de corrupción, es un
episodio de la estrategia general: situar a Podemos como “una pieza más” en el
terreno marcado de las formas de la representación. La consigna es igualmente
transparente: ¡¡¡díganos usted cuál va a ser su programa!!!, exigiendo
concreción programática en-tanto-que-partido-de-gobierno, en tanto que deberá
gobernar y que deberá hacerlo “de forma responsable”. Y no deja de sorprender
que no estuviera prevista más reacción ante semejante pulsión normalizadora que
proclamar la búsqueda de “la centralidad” y anunciar que el programa de Podemos
será elaborado por “los mejores”. Una peligrosa trampa que no sólo tiene que
ver con la moderación del contenido (enseñanza concertada para “cuestiones
experimentales” -signifique eso lo que signifique-, renta de inserción en lugar
de renta básica, reevaluación en lugar de auditoría ciudadana de la deuda). Una
peligrosa trampa que, además, dinamita lo novedoso del método: porque la
elección de “los mejores” no es una elección técnica sino política y porque al
dejarla en manos de “los mejores” se obvia el carácter político de la decisión
que en cada caso deba tomarse: Presunción de un “saber” técnico y neutro que,
de materializarse, hurtaría la posibilidad de discusión y de decisión
democrática. Una segunda deriva posible, porque la cuestión de la instancia que
formula las propuestas y el modo en que difumina la horizontalidad puede
terminar entrando en contradicción con las exigencias de mínimos planteadas por
esos movimientos sociales de los que Podemos es avatar.
Podemos no es un movimiento social, es cierto. Pero sería
extremadamente peligroso que los dirigentes de Podemos llegaran a pensar que
“los mejores” para abordar el drama de los desahucios no tienen que partir de
las medidas expuestas en la ILP presentada en su día por la PAH, que “los
mejores” para elaborar el programa educativo no deben partir de las exigencias
elaboradas por la marea verde o que “los mejores” para elaborar el programa
sanitario no tienen que partir de las exigencias de la marea blanca. “Los
mejores” tienen que estudiar la mejor manera de implementar las medidas que
permitan cumplir esas exigencias, tienen que determinar los ritmos, los plazos
y, si fueran necesarios, los pasos intermedios. Pero no pueden determinar los
objetivos ni pueden decidir prioridades… a riesgo de cerrar la “ventana de
oportunidad” abierta. Daenerys tiene que decidir si rompe las cadenas que
sujetan a los dragones.